El taburete ALODIA reduce la estructura a lo esencial
El taburete ALODIA demuestra que un mueble puede resolverse con muy pocos elementos. Su diseño se basa en dos tubos metálicos doblados y una chapa de acero cortada con láser que forma el asiento. No hay piezas innecesarias, ni refuerzos decorativos, ni una estructura secundaria escondida. La mayor parte del trabajo la realizan dos tubos curvados. Uno de ellos forma las patas delanteras y la zona superior del asiento. El otro recorre la parte inferior creando el apoyo para los pies, y además resuelve los apoyos traseros del taburete. Esa reducción extrema de elementos hace que el conjunto tenga una imagen muy limpia y ligera.

Precisamente ahí está uno de sus mayores méritos. El taburete ALODIA parece simple, pero detrás hay un trabajo importante de proporciones, inclinaciones y soldaduras. Las barras deben colocarse en el punto exacto para que la estructura no pierda estabilidad. También influye la anchura total de la base, de 54 x 46 cm, necesaria para compensar el vuelo del asiento y el reparto de pesos.
El asiento está fabricado con una chapa metálica doblada en el borde delantero. Ese pequeño pliegue ayuda a dar rigidez a la pieza, y al mismo tiempo suaviza visualmente la forma. En la parte inferior aparecen pequeños apoyos de goma negra que protegen el suelo y mejoran el agarre.
Alodia encaja dentro de una línea de sillas y taburetes donde la estructura se reduce al mínimo, y cada pieza intenta resolver su función con muy pocos elementos.
Un taburete metálico pensado para barras y espacios públicos
El taburete ALODIA fue diseñado para un uso intenso. Puede apilarse, está fabricado completamente en metal, y ofrece una estructura suficientemente resistente para bares, restaurantes, oficinas o cocinas con isla.
Se comercializa en dos alturas distintas. La versión baja alcanza los 70 cm, mientras que la alta llega a 80 cm. Esto permite utilizarlo tanto en barras de cocina domésticas como en barras más altas de cafeterías o espacios públicos.
Como se aprecia en las fotos, su diseño es bastante discreto, pues no pretende ser la pieza protagonista de ningún espacio. Más bien funciona como un “mueble silencioso”, capaz de integrarse en interiores muy distintos sin llamar demasiado la atención.
Se comercializa en acabado mate, y en colores blanco, negro, barro y rojo. El blanco probablemente sea el acabado más atractivo, porque refuerza todavía más esa sensación de ligereza. Hace que la estructura parezca todavía más simple de lo que realmente es.

Las barras inclinadas del taburete ALODIA pueden ser peligrosas
Los mejores muebles son aquellos que consiguen mucho con muy poco. En ese sentido, el taburete ALODIA está muy bien resuelto. Con apenas tres piezas metálicas dobladas consigue una estructura estable, apilable y visualmente atractiva.
Sin embargo, también tiene un problema claro. Los tubos traseros inclinados ayudan al equilibrio, pero crean una huella muy distinta a la de un taburete convencional. En la mayoría de taburetes, la estructura baja de forma bastante vertical y ocupa una superficie más reducida. Aquí ocurre justo lo contrario.
Las dos barras inclinadas se proyectan hacia atrás y aumentan mucho la superficie real que ocupa el taburete sobre el suelo. Esto puede convertirse en una trampa para cualquier persona que pase cerca, especialmente en bares, restaurantes o espacios concurridos.
Basta ver una imagen del taburete colocado junto a una barra para entenderlo. Una persona puede calcular visualmente dónde termina el asiento, pero no darse cuenta de que las barras traseras avanzan bastante más hacia atrás. Es fácil imaginar a alguien tropezando con una de ellas mientras pasa por detrás de otra persona sentada.
Aun así, ese problema no impide reconocer el mérito del diseño. Porque es un taburete muy reconocible, muy ligero y muy eficiente con muy pocos elementos. Eso hace que el taburete ALODIA siga siendo una pieza muy interesante, incluso aunque no resulte perfecta.

Diseñado por Todd Bracher para Cappellini
El diseño del taburete Alodia lo creó Todd Bracher, que trabaja en Nueva York y ha desarrollado proyectos de mobiliario, iluminación y arquitectura. Durante años fue considerado una de las figuras emergentes más importantes del diseño estadounidense, y recibió distintos reconocimientos en 2008 y 2009.
Este asiento fue diseñado para Cappellini, una firma italiana fundada en 1946 y muy conocida por colaborar con diseñadores internacionales. A lo largo de los años, la marca ha trabajado con nombres muy relevantes del diseño contemporáneo, siempre con una apuesta clara por las formas experimentales y minimalistas.








